Análisis situación en La Araucanía

11 abril, 2013 • En la sala • No hay comentarios

Señor Presidente, iniciaré mis palabras de manera quizá un poco distinta.

Quiero que juntos recorramos lo que está sucediendo en La Araucanía y pensemos en las personas que han entregado su vida en dicha zona.

Hasta ahora debemos lamentar ocho víctimas fatales: ocho personas que han muerto en nuestras tierras y que son parte de nuestra familia.

Algunas pertenecen al pueblo mapuche, como Álex Lemún, Matías Catrileo y Jaime Mendoza Collío.

Otras han fallecido en sus casas, en defensa de sus familias, como Guillermo Gallardo Aillapán, quien pereció el 1º de septiembre del año pasado cuando protegía a su hermano; o el sargento Hugo Albornoz, quien perdió la vida mientras hacía su trabajo en representación de todos nosotros, del Estado de Chile.

Ahora bien, no solo hemos de lamentar muertes, sino también cosas tan absurdas como la quema de escuelas y colegios.

En Collipulli y Ercilla fueron incendiadas escuelas, y sus alumnos han debido seguir las clases en otros lugares, sin la infraestructura adecuada.

Además, se quemaron jardines infantiles y cuatro sedes sociales.

¿Por qué nos encontramos en esta situación?

También, fueron incendiadas 17 casas de pequeños parceleros que hacen un esfuerzo tremendo -y aquellos que conocemos el campo en La Araucanía lo sabemos- por salir adelante en su tierra.

Pero, adicionalmente a lo que ha ido ocurriendo, quiero llevarlos a lo siguiente. En octubre recién pasado, desconocidos quemaron un camión con el conductor adentro, quien alcanzó a salvar con vida, mas con gran parte de su cuerpo quemado.

Esa es la situación que se vive hoy en la zona.

Hace un par de semanas, desconocidos entraron a la casa de la familia Seco Fourcade, como se mencionaba acá, y, mientras golpeaban a sus integrantes con las culatas de escopetas, gritaban: “¡Recen! ¡Recen!”.

Y una semana atrás o poco más, un matrimonio -podrían haber sido los papás de muchos de nosotros o los abuelos de nuestros hijos- dormía tranquilamente en su casa cuando, de pronto, se escucharon balazos y debió llamar con angustia a un hijo para decirle que estaba siendo atacado.

Esto es Chile. Es lo que está sucediendo en nuestras tierras, en nuestro querido país.

Esos adultos mayores murieron quemados.

Al día siguiente, un viernes, recibí una llamada de Cynthia Mackay, hermana de la fallecida Vivian. Al darle el pésame, me dijo: “Ena, nos conocemos hace mucho tiempo. Lo único que quiero pedirte, ya que estás allá arriba, en el poder, es que la muerte de mi hermana y mi cuñado no sea en vano”.

Señores Senadores, señores Ministros, señora Lorena Fries, Directora del Instituto de Derechos Humanos, quiero transmitirles el mensaje: que la muerte de ocho personas no sea en vano.

Cualquiera de ustedes que defienda la democracia tiene que ser categórico. No puede ser ambiguo en rechazar la violencia.

Estuve en Temuco el lunes, en la feria Pinto, en las comunidades indígenas de Vilcún, y aquellos con quienes crecí me transmitieron el dolor de los que las integran y de quienes trabajan en ese lugar, que también son mapuches. Con el abrazo, me dijeron: “Ena, le tenemos miedo a la discriminación mucho más que antes”.

Esta última siempre ha existido, pero hoy día le temen mucho más los propios mapuches, porque están siendo atacados. La casa del lonco Juan Carlos Curinao fue quemada, por ejemplo. No están siendo agredidos solo aquellos que no pertenecen a dicho pueblo. Y lo que expresan es: “Nosotros no somos violentos. También tenemos derechos humanos y queremos que el Estado nos defienda”.

Señores Ministros, señores Senadores, esa es la voz de la gente de La Araucanía y aquella por la cual hoy día me siento interpelada, en nombre del Comité de la UDI, para representarla acá.

La violencia, como camino para lograr cualquier propósito, es un ataque directo a nuestra democracia.

¿Cuál es la primera razón de la existencia del Estado? La de que todos le entreguemos el monopolio del uso de la violencia. Y el Estado -todos nosotros- no está cumpliendo en La Araucanía.

Es triste que nos estemos refiriendo ahora a esa zona por la muerte de dos personas.

Es una pena que se registre un diálogo a gran nivel en ella por ese hecho. ¿Por qué no lo tuvimos antes?

Nos sucede una cosa tremenda con La Araucanía: un ciclo de estupor y de olvido. ¡Cuántas veces lo hemos vivido!

Se registró estupor en el Gobierno de Ricardo Lagos. Surgió el diálogo y se dictaron muchas leyes. Olvido. Ya nadie habló de La Araucanía.

Estupor, nuevamente, durante el Gobierno de Michelle Bachelet. Todos hablaban de La Araucanía. Olvido. Nadie más lo hizo.

Estupor, otra vez, ahora. Espero que dure un poco más.

Creo que es un derecho humano de todos poder dormir tranquilo en casa.

Es un derecho humano no tener miedo por los niños.

Es un derecho humano de los mapuches que los demás no crean que ellos son violentos. Es un derecho humano de todo Chile que no profundicemos las diferencias entre dos pueblos que, juntos, han construido el país.

¡Cuántas veces me han dicho: “Ena, nosotros somos más chilenos que tú, pues llegamos antes”.

Quiero terminar mis palabras haciendo solo una puntualización. Tenemos que preocuparnos de la política pública dirigida a los pueblos mapuches, pero no solo hoy día, sino siempre.

Y espero que el diálogo no sea acá, en Valparaíso, entre representantes, como tampoco en Temuco. Es necesario ir a las comunidades y conversar allá. El señor Intendente lo sabe.

No seamos paternalistas con ellos, como siempre lo hemos sido. Todas las leyes dictadas por el Estado han revestido ese carácter y les han dicho cómo tienen que vivir su vida. ¿Por qué no dejamos que lo resuelvan? Terminemos, de una vez por todas, con el paternalismo.

Empecemos por entregarles derechos de verdad. Vamos a las comunidades con el diálogo. Que sean las que decidan. Porque Sus Señorías saben, si han recorrido La Araucanía y otras partes de Chile donde hay comunidades indígenas, que cada una es distinta. Las lafquenches son diferentes de las huilliches o de las asentadas en Lonquimay o Vilcún. Respetemos sus derechos. Estos se conversan en ellas; se tratan parlamentando en ellas.

Espero que hoy día no entremos nuevamente en el ciclo de estupor y de olvido. No olvidemos La Araucanía, señores en el poder. Que no sean en vano las muertes dolorosas en esa zona.

Gracias.

 

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